Renacimiento, Sevilla, 2025
Andrés Rodríguez Rodríguez.- Un monstruo incomprensible. Retablo de moralistas franceses se presenta como una defensa implícita —pero firme— de una forma de pensamiento que ha acompañado a la tradición humanista desde sus orígenes: el aforismo. Lejos de ser un género menor o una concesión a la brevedad contemporánea, el aforismo constituye una de las expresiones más exigentes del pensamiento moral, en la medida en que obliga a concentrar en unas pocas líneas una experiencia vital prolongada, una intuición antropológica madura y una forma estilística capaz de resistir el paso del tiempo.
La concisión aforística no nace de la prisa, sino de la madurez. Ya en la Antigüedad clásica, desde los aforismos hipocráticos hasta las sentencias estoicas de Séneca o Epicteto, la brevedad aparece asociada a la pedagogía moral: aquello que debe ser recordado en el momento decisivo de la vida ha de ser formulado de modo claro, rítmico y memorable. Esta misma lógica atraviesa el humanismo renacentista —pensemos en los Ensayos de Montaigne o en la tradición sapiencial que culmina en Baltasar Gracián— y alcanza en los moralistas franceses una de sus cristalizaciones más refinadas.
Los autores sabiamente convocados en este volumen, que abarcan del siglo XVII al XIX, comparten una misma actitud intelectual: la observación penetrante de la conducta humana sin ingenuidad ni sentimentalismo, pero también sin renunciar a la posibilidad de verdad, virtud y sentido. En ellos, el aforismo no funciona como dogma ni como consigna, sino como invitación a la reflexión personal. Cada sentencia es un espejo incómodo en el que el lector se ve obligado a reconocerse.
Madeleine de Souvré inaugura el conjunto con una ética de la fortaleza interior que recuerda tanto al estoicismo clásico como a la tradición cristiana de la humildad. Cuando afirma que solo las almas fuertes saben rectificar, apunta a una virtud intelectual que Montaigne consideraba esencial: la capacidad de corregirse a sí mismo sin humillación. Asimismo, su disposición a “recibir la verdad, venga de donde venga” entronca con una concepción del saber ajena al orgullo doctrinal, muy próxima al ideal humanista del libre examen.
La Rochefoucauld radicaliza esta mirada mediante un análisis implacable del amor propio. Su insistencia en la opacidad de las motivaciones humanas y en la facilidad con que proyectamos en los otros nuestros propios defectos lo sitúa en una línea que Nietzsche prolongará siglos después, cuando denuncie la moral como una construcción interesada y psicológicamente condicionada. Sin embargo, a diferencia del filósofo alemán, La Rochefoucauld no busca una transvaloración de los valores, sino una desmitificación moral que permita al individuo conocerse con mayor lucidez.
En Pascal, el aforismo adquiere una profundidad metafísica singular. Sus reflexiones sobre la diversión como huida de uno mismo o sobre la incapacidad humana para afrontar el pensamiento de la muerte revelan una antropología trágica que no se agota en el análisis psicológico. Pascal comparte con San Agustín —y, en otro registro, con Ortega y Gasset— la convicción de que el hombre es un ser descentrado, incapaz de comprenderse plenamente sin referencia a una instancia trascendente. El “monstruo incomprensible” no es solo una paradoja racional, sino una herida ontológica que va sangrando su propio devenir histórico.
La Bruyère introduce una dimensión más social y descriptiva, cercana al moralista observador de costumbres. Su invitación a aceptar los defectos humanos como rasgos naturales recuerda al realismo de Montaigne, quien prefería describir al hombre “tal como es” antes que imaginarlo como debería ser. Al mismo tiempo, su crítica del sectarismo anticipa preocupaciones muy actuales sobre la degradación del juicio intelectual en contextos ideologizados.
Vauvenargues, Malesherbes y Chamfort intensifican la reflexión política y social. En Vauvenargues, la oposición entre justicia y fuerza evoca una tensión permanente de la filosofía política moderna, que atraviesa desde Maquiavelo hasta Weber. Malesherbes, al situar la igualdad auténtica en las virtudes y no en las condiciones externas, se adelanta a una crítica humanista del igualitarismo abstracto, compatible con la defensa de la dignidad común. Chamfort, por su parte, describe la sociedad como un campo de colisión de vanidades, con una lucidez que Ortega habría reconocido como diagnóstico de la “vida desmoralizada” de las masas.
Rivarol y Joubert reflexionan sobre el propio acto de pensar. El primero concibe los métodos como hábitos de la inteligencia, subrayando que el pensamiento no es solo contenido, sino forma de vida; el segundo aspira a acuñar la sabiduría en sentencias transmisibles, como hiciera Gracián en su Oráculo manual. Joubert encarna, además, una ética del juicio prudente y del silencio, profundamente afín al ideal clásico de la sophrosyne.
Chateaubriand cierra el retablo con una mirada histórica y casi escatológica. Su afirmación de un principio de destrucción inscrito en todo lo humano, cuyo sentido último solo Dios conoce, devuelve la reflexión moral a un horizonte de trascendencia que la modernidad tiende a olvidar. En ello se aproxima tanto a Pascal como, paradójicamente, a Nietzsche, en la medida en que ambos perciben la fragilidad radical de las construcciones humanas, aunque extraigan de ello conclusiones opuestas.
La vigencia de estos moralistas en el presente no reside en la actualidad de sus ejemplos, sino en la permanencia de su objeto: la naturaleza humana. En una época dominada por la aceleración, la consigna y la polarización, el aforismo exige pausa, interiorización y diálogo con una tradición que atraviesa siglos. Como advertía Ortega, solo quien se sitúa a la altura de su tiempo puede dialogar verdaderamente con el pasado. Este retablo demuestra que la brevedad, cuando es fruto de la sabiduría, puede seguir iluminando nuestras contradicciones más profundas y recordarnos que pensar bien sigue siendo una forma de vivir mejor.
En HUMANISTAS rompemos una lanza por la tradición occidental, con sus claroscuros inclusos, para defenderla de los ataques que viene recibiendo en los últimos tiempos desde múltiples instancias, con la abierta intención de cancelarla o, al menos, neutralizar la influencia de su vigoroso legado sobre las generaciones presentes y futuras. Creemos los clásicos configuran el marco conceptual válido dentro del cual debemos seguir moviéndonos, y que sin ellos nuestra sociedad está abocada a la autodestrucción.
FUENTES
François-René de Chateaubriand
TEMAS
Tradición y fuentes del humanismo
[γνωθι σεαυτόν] Historia del precepto délfico: de Sócrates a Minucio Félix
De los dioses antropomorfos grecorromanos al hombre teomorfo cristiano
Las razones del humanismo contra la ciencia: el caso de Sócrates
Platón y el destino del hombre
La naturaleza dual del hombre en el Asclepio
La idea renacentista de Antigüedad cristiana
La impronta cristiana en el concepto de dignitas hominis en el Renacimiento italiano
"Guiados por gracia celestial": el humanismo cristiano y el legado grecolatino
La batalla del ciceronianismo en el Renacimiento italiano
La cultura del parricidio. La Modernidad contra la tradición
Humanismo renacentista y humanismo marxista
Humanismo y tradición a la luz de la hermenéutica
Del anti-humanismo al humanismo del otro hombre
OBRAS Y AUTORES
Sócrates: un enigma ante el espejo
Cicerón, padre del concepto humanitas
El humanismo de Publilio Siro en sus sentencias
Petrarca, ¿humanista cristiano?
Salutati y la naturaleza de la sabiduría humana
Juan de Lucena y el De vita beata
Janus Readers: los lectores de Panonio
La noción de la felicidad del hombre en el Palinurus de Maffeo Vegio
Marsilio Ficino, de la miseria del hombre al amor de Dios
Ficino: religión cristina y teología humanista
Erasmo: "Monachatus non est pietas"
Rudolph Agricola, "padre" del humanismo germánico
Castellio y la idea de tolerancia en el siglo XVI
En torno a los diálogos de Antonio Brucioli
Comenius y la disciplina de hacerse humano
Los Discursos filosóficos sobre el hombre, de Juan Pablo Forner
REFLEXIONES
Entre el suelo y el cielo. Retorno al humanismo
Sobre la utilidad y el perjuicio del saber para la vida
Rehumanismo contra antropoclastia. Diez notas distintivas del hombre
Razón humanista frente a ideología humanitaria
Conocimiento y dignidad humana en el siglo XXI
Posthumanismo: el suicidio asistido de Europa
En defensa del viejo humanismo
ENTREVISTAS
RESEÑAS
Un manifiesto contra la amnesia cultural: El banquete de los humanistas
La apertura del saber a lo eterno: De su ignorancia y la de muchos
Lorenzo Valla, Sobre el verdadero y el falso bien
De la autonomía a la providencia: La naturaleza del hombre
Al rescate de la Edad Media: Un tiempo entre luces
Petrarca nuevamente intempestivo: Remedios para la vida
Por la educación hacia la libertad: Sobre la juventud, de Fox Morcillo









